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En Mocoretá existe un espacio único que todavía muchos vecinos no conocen, pero que ya despierta curiosidad en visitantes de distintos puntos del país y del exterior: el Museo de Piedras Itá Porá, un nombre de origen guaraní que significa “piedra linda” o “piedra bonita”, un lugar donde la naturaleza, la ciencia y la pasión se combinan para revelar historias de millones de años.
Su propietario, Roberto Tisocco, contó en el programa de radio “La Mañana del 4” que el museo nació casi por casualidad, a partir de la observación de las piedras en la zona y una inquietud personal que fue creciendo con el tiempo. “Empecé a buscar información, a interiorizarme, a construir mis propias máquinas… y así fui armando todo”, relató.
Pero el inicio de todo, explicó, fue mucho más simple y a la vez más profundo: largas caminatas por el río y por las canteras de la zona, en búsqueda de piedras que llamaran su atención. “Primero salir a caminar días, horas… el río, las canteras. Ahí uno empieza a encontrar más fácil porque hay cantidades”, contó.
Ese trabajo es completamente artesanal y exigente. Se trata de observar, elegir y trasladar piezas que muchas veces tienen un gran peso. “Cuando te das cuenta, no las podés cargar”, recordó entre risas, destacando además que siempre lo acompaña su esposa en el proceso, quien colabora observando y seleccionando junto a él.
Roberto, junto a su esposa, también ha recorrido distintos puntos de la región en busca de nuevas piezas, especialmente a lo largo de la costa del río Uruguay, desde Monte Caseros hasta Concepción del Uruguay. En esos recorridos han recolectado piedras de gran valor, provenientes de zonas donde este tipo de materiales es más frecuente. Aun así, destacó que cada piedra es única, ya que varía en color, forma y composición según los minerales presentes en cada región, lo que aporta una diversidad aún mayor a la colección del Museo Itá Porá.
El Museo Itá Porá tiene aproximadamente diez años desde sus inicios, tiempo en el que fue creciendo de manera constante a partir del esfuerzo y la dedicación de su creador. Todo el trabajo que se realiza con las piedras es absolutamente artesanal, desde la selección hasta el corte y el pulido de cada pieza.
El análisis de cada piedra es un proceso minucioso: no se trata solo de recolectar, sino de estudiar dónde cortar y cómo intervenir cada pieza sin perder lo que puede esconder en su interior.
“Es un tema apasionante”, expresó, destacando que muchas piezas pueden revelar en su interior paisajes, figuras de animales, aves o escenas naturales que sorprenden por su realismo. A modo de ejemplo, explicó que entre las piedras del museo, una vez cortadas y pulidas, pueden apreciarse imágenes sorprendentes como una gruta, árboles, la figura de una virgen, un carpincho, una playa, e incluso escenas de gran impacto visual como el vientre de una madre con su bebé en posición fetal y el cordón umbilical, entre muchas otras representaciones que parecen surgir naturalmente dentro de la piedra.
Las piedras, explicó, varían según cada región del país y del mundo, y su valor depende de la rareza, la dureza y la belleza. Aunque éstas en particular, dejaron de considerarse “piedras preciosas” por su abundancia, pero remarcó que para él mantienen un enorme valor artístico y natural. “Para mí son piedras preciosas”, afirmó.
El proceso de trabajo es completamente artesanal y puede demandar muchísimas horas de máquina para lograr el pulido final tipo espejo. Cada pieza atraviesa distintas etapas de abrasión y pulido hasta revelar su máximo brillo, con el uso de materiales especiales e insumos en su mayoría importados. “Es un proceso enorme, incluso de muchos días, resumió Tisocco, destacando la dureza del material y la dedicación que requiere este trabajo.
El museo también se nutre de la colaboración de vecinos de Mocoretá, que conocen su pasión y le acercan piezas en distintas oportunidades, incluso piedras petrificadas del río y de gran tamaño. A esto se suma la llegada de ejemplares de prácticamente todas las provincias de la Argentina, e incluso de distintos países, muchas veces traídas por visitantes o recolectadas en viajes.
Entre sus visitantes, el Museo Itá Porá también ha recibido a alumnos de distintas escuelas de Mocoretá, quienes recorren el espacio en visitas organizadas y se asombran profundamente al descubrir la riqueza y el valor de las piezas exhibidas.
En este sentido, mientras se encuentre en su vivienda, Roberto Tisocco no tiene inconvenientes en recibir a quienes deseen conocer el museo, brindando la posibilidad de recorrer este espacio único de la localidad.
Cabe destacar que el museo funciona en su vivienda sobre calle San Martín. Para visitarlo es necesario coordinar previamente, ya que no cuenta con un horario fijo de atención. La comunicación puede realizarse a través de sus redes sociales.
También pueden seguir al Museo Itá Porá en Instagram y Facebook como “Museo Itá Porá”, donde se comparten algunas de sus piezas y trabajos. Sin embargo, desde el propio espacio destacan que la belleza real de cada piedra es difícil de reflejar en fotografías, por lo que la experiencia de verlas personalmente resulta mucho más impactante e interesante.
La entrada es gratuita, lo que permite que cada vez más personas puedan acercarse a conocerlo sin costo alguno.
Desde Mocoretá, este espacio se consolida como un verdadero tesoro local que combina naturaleza, trabajo artesanal, ciencia y curiosidad, invitando a descubrir un mundo sorprendente que muchas veces pasa desapercibido. Una propuesta distinta, valiosa y cercana, que merece ser conocida y puesta en valor por toda la comunidad.

























